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COMUNICACIóN 30.03.2022 | AMéRICA | DIÁLOGO SOBRE TECNOLOGÍA Y DIVERSIDAD

Ana Peña: “Queremos duplicar el liderazgo femenino para 2030”
“Empezamos a tener muchos canales digitales que transformaron a los medios tradicionales en validadores de todo lo que se estaba diciendo en el mundo digital”, afirmó Peña.

Ana Peña: “Queremos duplicar el liderazgo femenino para 2030”

La directora de comunicaciones y relaciones públicas de Intel para las Américas destacó el trabajo que viene haciendo esta compañía para que haya más mujeres en carreras tecnológicas y en puestos directivos.

De acuerdo con un estudio de ONU Mujeres, solo el 30% de la población femenina en Latinoamérica es estudiante de carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés). A su vez, un informe de BID Invest descubrió que las ejecutivas en esta región solo ocupan el 15% de los cargos directivos.

Ante este panorama, Marketers by Adlatina dialogó con Ana Peña, de comunicaciones y relaciones públicas de Intel para las Américas, quien comentó cómo está trabajando esa compañía para lograr que cada vez más niñas se acerquen a la tecnología y explicó por qué es importante la equidad de género en las organizaciones.

—¿Qué análisis puede hacer sobre el rol que ha tenido la tecnología tras la llegada de la pandemia?
—En estos dos años, los seres humanos descubrimos que podemos adaptarnos a circunstancias que jamás antes imaginamos. Eso se produjo, en gran medida, gracias a la tecnología que hace Intel, porque está en el 95% de las infraestructuras a nivel global. La gente pudo entretenerse, estudiar y trabajar desde su casa gracias a la tecnología. Incluso, nosotros mismos tuvimos que migrar hacia la virtualidad: somos casi 120.000 colaboradores en Intel a nivel global y, de un momento a otro, empezamos a trabajar todos desde nuestras casas. Nuestra VPN no tenía el alcance para soportar toda esa conexión.

—¿Cómo venía siendo el trabajo remoto previo a la pandemia?
—En 2007 comencé a trabajar en Dell; luego pasé a GE, y estoy en Intel desde 2017. Es decir, pasé por empresas grandes y puras tecnológicas. Con lo cual, el concepto del home office ya era común para mí. Sobre todo, porque he llevado cargos regionales. Esto no quiere decir que todas las funciones se puedan hacer de manera remota. Con la llegada de la pandemia, la actividad de Intel fue declarada esencial, ya que si no hacemos nuestro trabajo, no hay semiconductores, lo que significa que no hay computadoras, aparatos que cobraron aún mayor relevancia tras la pandemia.

—¿Cuáles fueron los principales cambios que impactaron en Intel a causa de la pandemia?
—Nuestro departamento de TI creó una VPN súper robusta y nos fuimos muchos a nuestras casas, pero las fábricas no podían parar porque el proceso de crear un semiconductor es uno de los más elaborados por el ser humano en la historia. Este material empieza siendo arena de silicio, que luego se convierte en obleas y hay que cortarlas e imprimir los circuitos hasta obtener el microprocesador. Por eso, seguimos con las fábricas operando al 100% y nos dimos cuenta de que estamos cumpliendo nuestra misión de enriquecer la vida de las personas en la tierra con tecnología. Entonces, ¿qué cambió para nosotros? La forma de comunicarnos entre nosotros y la manera en que trabajamos: descubrimos que la gente es más productiva cuando es más feliz, y muchas veces lo es trabajando desde casa. No todos tenemos los mismos comportamientos y dinámicas familiares: hay quienes decidieron quedarse en casa para siempre.

“Los datos son el nuevo
petróleo porque te ayudan
a tomar mejores decisiones”

—Actualmente, ¿cómo es la modalidad de trabajo de Intel?
—Depende de cómo cada manager quiera llevar a su equipo. Algunos quieren ver a su equipo al menos dos veces al mes o una a la semana. Cuando se produjeron las medidas de distanciamiento, las oficinas de Intel se adaptaron para cumplir con los protocolos establecidos en cada país. En general, lo que cambió fue la forma de relacionarnos con otros y, sobre todo, el entendimiento de que la tecnología puede ayudarnos a hacer todo lo que hacíamos de una manera sencilla.

—Y en términos de comunicación externa, ¿cómo cambió la operación de Intel?
—Tenemos distintas audiencias: por un lado, nuestros medios y analistas, y por el otro, nuestros colaboradores. A mí me gusta reunirme en persona con los medios. Hacía todo el día corriendo de un lado para otro. Luego, se acabaron los tacones y empezamos a hacer reuniones virtuales. Debimos asegurarnos que nuestros medios cuenten con la tecnología necesaria para trabajar con nosotros. Los medios están en una crisis, pero creo que están evolucionando: empecé a ver que hay más periodistas atendiendo muchas más fuentes. Algunos cubren tecnología, pero también cubren mascotas, por ejemplo. Hay mucho trabajo freelance también, y los periodistas muchas veces no lograron capacitarse en otros temas por las carencias que trajo la pandemia. Por eso, nosotros realizamos diversos cursos: hacer un review de un procesador no es algo sencillo y tuvimos que darles clases. Tratamos de tener el acercamiento que siempre ha tenido Intel para que sintieran que estuviéramos ahí. Nunca nos despegamos y mantuvimos las conexiones con ellos en las fechas especiales.

—En este tema de la evolución de los medios, ¿qué rol cree que están teniendo los canales digitales? ¿Les están sacando el lugar a los tradicionales?
—Definitivamente, los medios digitales crecieron en la pandemia. Sin embargo, soy fiel creyente de los medios tradicionales. Lo que pasó fue que empezamos a tener muchos canales digitales que transformaron a los medios tradicionales en validadores de todo lo que se estaba diciendo en el mundo digital. Hay cada vez más medios por suscripción en Latinoamérica, como pasa en los Estados Unidos. En Canadá, sucede distinto porque muchos periodistas son los que compran los espacios en los medios.

—Aprovechando que usted trabaja para todo el continente, ¿cómo ve el avance tecnológico de Latinoamérica en comparación con los Estados Unidos y Canadá?
—Vamos muy bien. Durante la pandemia, repuntaron las conversaciones alrededor de tecnologías como inteligencia artificial y que es parte de lo que hacemos nosotros; y el concepto de conectividad en todas partes. Que Intel logre que se hable de esto es importante. De hecho, tanto yo como otros compañeros somos columnistas en distintos medios y queremos lograr elevar la conversación en América Latina para que todos sepamos lo que es capaz de traernos la tecnología.

—¿Cómo es el vínculo de los consumidores actualmente con la tecnología? ¿Qué grado de información tienen sobre ella?
—Están mucho más informados que antes. Tengo la sensación de que antes hablábamos más de gadget y ahora elevamos la conversación: podemos hablar de la nube, del Edge y de los datos, que son el nuevo petróleo porque te ayudan a tomar mejores decisiones. En IA y machine learning puedes tener conversaciones con el consumidor final e incluso puede ser una plática de sobremesa.

—¿Cómo están aprovechando las empresas estas herramientas?
—Las están aprovechando, pero no solo las empresas, también los gobiernos. De hecho, tenemos en Buenos Aires un laboratorio de inteligencia artificial con chavos de entre 18 y 25 años capacitándose en estas tecnologías del futuro. En Intel, dentro de nuestros planes para 2030, es tener más importantes en carreras STEM (ciencias, tecnologías, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés). También, con representación de género: queremos que las niñas tengan más referentes mujeres en esas carreras y que las ayuden a crear el futuro.

—¿Cómo se encuentra el tema de la equidad de género en la industria tecnológica?
—Se ha avanzado bastante. Por ejemplo, en América Latina hay un 45% de mujeres en gaming. Las mujeres se están acercando al mundo tecnológico. Por ejemplo, nosotros tenemos un Índice Global de Inclusión y nos aliamos con empresas como Dell, NTT Data, Nasdaq y Snap para que la industria tecnológica cuente con más minorías en puestos importantes. Otro tema interesante es que Intel alcanzó la equidad de pago a nivel global a nivel 2019. En 2015, Intel había dicho que quería tener total representación de las minorías para 2020 y lo logró en 2018, que es otro triunfo de celebrar.

“Para 2030, queremos lograr que el 50%
de la fabricación de semiconductores
esté en América y en la Unión Europea”

—¿Cómo se encuentra el avance femenino en los puestos de liderazgo?
—El 90% de la fuerza laboral de Intel está en puesto técnicos. Es decir, pertenecen a carreras de ingeniería. De ahí tenemos un 25% que son mujeres y un 18% que se encuentra en puestos de alta dirección. Dentro de nuestras metas, para 2030 está duplicar el número de mujeres en puestos de liderazgo. Para nosotros, diversidad e inclusión significa tener todas las perspectivas. Esto contribuye a nuestro propósito que es crear tecnología que enriquezca la vida de todas las personas.

—¿Qué oportunidades genera para el negocio apostar por la diversidad y la inclusión?
—La innovación crece a partir de la diversidad, así como también de la curiosidad. Está demostrado que las empresas son más redituables entre más diversas sean.

—¿Qué panorama imagina Intel en 2022?
—Nos vamos a posicionar y ratificar nuestro liderazgo en inteligencia artificial, computación ubicua y conectividad. Más allá de eso, nos consolidaremos con el rey del silicio, material que será el 20% de un coche para 2030. Esto se produce porque cada vez más cosas se van pareciendo a computadoras. Entonces, al demandar el mundo tanta tecnología, nuestras ventas explotaron y tuvimos una escasez de semiconductores. En este marco, se produjo el nombramiento de nuestro nuevo CEO: Pat Gelsinger. Es un ejecutivo que llevaba 30 años en Intel y conoció a nuestros fundadores y aprendió de ellos. Regresó a la compañía tras estar un tiempo fuera y trajo de vuelta lo “nerd”. Nosotros somos apasionados por la tecnología y estamos haciendo inversiones billonarias para balancear la cadena de suministro, ya que la fabricación estaba concentrada en Asia casi en un 80%.

—¿Qué objetivos posee Intel a partir de estas inversiones?
—Para 2030, queremos lograr que el 50% de la fabricación de semiconductores esté en América y en la Unión Europea. Nuestras operaciones en Latinoamérica están creciendo producto de esas inversiones. Por ejemplo, hay dos pasos en el proceso que se realizan en esta región: uno es la validación, que se hace en México; y el otro es ensamblaje y prueba, que hacemos en Costa Rica. Está creciendo la operación y no solo en puestos STEM, en la Argentina hicimos un centro de excelencia para marketing y nuestro equipo interno atiende desde ese país hacia otros.

—Teniendo en cuenta su experiencia en el sector tecnológico, ¿cuáles son los principales cambios que destaca desde su llegada a la industria hasta el día de hoy?
—El cambio más obvio es que la gente puede tener una vida distinta: puede ser más feliz y trabajar desde donde sea. Por ejemplo, la rotación en lugares que no estuvieron abiertos a adaptarse a esquemas de trabajo remoto y la permanencia en donde sí lo han hecho. También estamos incorporando nuevas palabras como languishing o burnout, que llegaron con la pandemia porque hemos entrado en una dinámica que impactó fuertemente en la salud mental: le pusimos más atención a nuestra vida y los de nuestro alrededor. Además, creo que el uso de la computación creció como nunca y se dispararon otras tecnologías. El año pasado fue el de más ventas de Intel, ya que todos necesitaban una computadora para trabajar. Además, se elevó la conversación: ya no hablamos solo de gadgets.


ANA PEÑA | BIO
Es licenciada y máster en comunicaciones por la Universidad Iberoamericana. Trabajó durante más de nueve años en Dell, donde llegó a ser asesora de gestión del cambio. Tras un paso por GE, fue contratada por Intel en 2017 para ocupar su cargo actual: basada en la Ciudad de México, comanda las acciones de comunicación y relaciones públicas de la compañía para todo el continente americano.