Digital > Global
14 ago 2025 | COLUMNA ESPECIALIZADA

Para la generación Z, los bancos son aplicaciones, no edificios

(Ad Age) - En su columna, Stout dialoga con las entidades financieras sobre las formas en que la Gen Z maneja sus finanzas. Acostumbradas a un mundo digital e intuitivo, las nuevas generaciones prefieren gestionar su dinero y operaciones desde wallets y apps de bancos en lugar de instituciones físicas y conversaciones cara a cara con operadores.

Ada Stout
Senior en California Polytechnic University y pasante en Prophet

El día que comencé mi primera pasantía este verano, mi compañera de cuarto en la universidad me envió un mensaje para que abriera una cuenta en SoFi. “Es de alto rendimiento, sin comisiones, y te dan 25 dólares sólo por configurar el depósito directo”, escribió. “Y si usas mi código de referido, yo recibo 75 dólares”.

Cuando lo hice, en 10 minutos ya tenía mi número de ruta, el saldo de mi cuenta y la tarjeta en camino. Fue algo natural y motivado por un par, totalmente distinto de la vez que ayudé a mis padres a lidiar con autenticaciones en varios pasos, reglas extrañas para contraseñas y un diseño confuso (parecía hecho para frustrar) para entrar en la aplicación de su banco. Todo lo que necesité fue un enlace confiable, una app y unos cuantos toques en la pantalla.

Para la generación Z, esto es la nueva normalidad. Crecimos en medio de turbulencias, viendo a nuestras familias lidiar con deudas e incertidumbre a raíz de la Gran Recesión y retrasar sus carreras por una pandemia global. Las investigaciones muestran que estas disrupciones generacionales han afectado profundamente la forma en que pensamos y nos preparamos para nuestro futuro financiero.

Para muchos de nosotros, la sensación de inestabilidad sistémica dificulta imaginar o planificar el futuro como lo hicieron nuestros predecesores. La deuda universitaria, la inflación y la vivienda inalcanzable nos han obligado a reajustar nuestras metas financieras.

El dinero se volvió digital mucho antes que nuestros recibos de sueldo
Incluso antes de que nuestra generación tuviera ingresos estables, ya administrábamos activos digitales. Comprar monedas dentro de un juego, intercambiar artículos, vigilar nuestros saldos en apps: todas fueron lecciones tempranas de valor y gestión de activos. Juegos como Roblox o Fortnite nos enseñaron a transaccionar digitalmente, mientras que plataformas como Venmo normalizaron la idea de que el dinero se “envía” en segundos. El dinero físico pasó a segundo plano en apenas unos años; la versión digital se volvió central.

Hoy, el dinero ya no se siente como algo que una lleva en la billetera. Se ha reducido a un número en pantalla: abstracto, gamificado, emocional. Cuando el saldo crece, sentimos un golpe de serotonina. Cuando baja, duele. La banca ahora es una experiencia digital.

La confianza ya no se basa en bóvedas ocultas ni columnas de mármol. Valoramos las marcas auténticas, transparentes y rápidas. Si iniciar sesión se siente más como atravesar un cortafuegos que como cruzar un felpudo de bienvenida, desconectamos. Si la app es limpia, podemos ver los saldos al instante, el chatbot funciona 24/7 y recibimos notificaciones en tiempo real, entonces cuenta.

La nueva institución no es el banco: es la interfaz
Aplicaciones como Zelle, Cash App, Venmo y neobancos más recientes como SoFi, Chime o Current nos resultan más reales que instituciones con historias de varios siglos. Estas plataformas actúan como extensiones de nuestra autonomía, no como herramientas de restricción. No exigen que nos adaptemos a una forma predeterminada de manejar el dinero. Ellas se adaptan a cómo vivimos.

Confiamos más en nuestros amigos que en nuestros padres cuando se trata de consejos financieros. Nuestros pares son quienes ponen a prueba los productos en tiempo real. Cuando un amigo comparte un código de referido y una captura de pantalla con un alto rendimiento anual, eso significa más que cualquier comercial de televisión. Y programas como el de referidos de SoFi y su bono por depósito directo aprovechan directamente el crecimiento de persona a persona y la recompensa financiera. Incluso Bank of America parece reconocer este cambio: un informe de 2025 destaca cómo los bancos tradicionales están girando hacia una “confianza por diseño”, enfatizando la experiencia de usuario y la integración fluida de pagos entre pares.

Quién lo está haciendo bien, y quién no
SoFi, Zelle y Monzo nos dan lo que necesitamos en aplicaciones. SoFi nos ofrece una app limpia, recompensas gamificadas, datos en tiempo real, sin comisiones ocultas y bonos por cosas que ya hacemos. Zelle ofrece integración con las apps de los principales bancos, pero sigue siendo rápida, fluida y transparente. Monzo combina tipografía audaz y legible, navegación intuitiva y espacios en blanco para un diseño limpio y sin desorden, junto con textos conversacionales y emocionalmente inteligentes que hacen que cada interacción sea clara, tranquilizadora y humana.

A pesar de publicar un informe inteligente, la experiencia en Bank of America se siente anticuada. La tipografía de su app parece hecha originalmente para computadora y mal adaptada a una aplicación. Incluso la experiencia en navegador se siente desactualizada. No podemos estar seguros de que los pagos automáticos se procesen en Discover. Y la interfaz de B2B Bank está sobrecargada de texto y con una navegación inconsistente y poco intuitiva.

Los viejos indicadores de confianza —nombre de marca, presencia física, historia familiar— significan poco para los miembros de la generación Z. Nos importa cómo funciona, qué tan rápido funciona y cómo nos permite operar.

Si crea herramientas financieras para la Gen Z, empiece por la accesibilidad y la facilidad de uso. No nos venda tradición; véndanos funcionalidad. Haga interfaces intuitivas y términos claros. Ofrezca recompensas por referidos, transferencias instantáneas y cero desorden.

En nuestro mundo, el dinero son sólo números, y los bancos son sólo aplicaciones. De aquí en adelante, todo será aún más tecnológico.