Florencia Lombardini: “El consumo cultural no es homogéneo, no leerlo es quedarse en la superficie”
La directora de marketing estratégico de Thonet & Vander conversa con Marketers by Adlatina sobre la alianza de la marca con el festival Ultra. Se trata de un evento de música electrónica que tuvo lugar el mes pasado en el Parque de la Ciudad. La marca llegó al país en 2006, después de su relanzamiento de marca en 2002.
¿Por qué decidieron renovar la alianza con Ultra?
Decidimos renovar la alianza porque Ultra no es un evento, es una prueba de verdad. El año pasado entendimos que no se trataba simplemente de “estar”, sino de demostrar quiénes somos en el contexto más exigente posible. Y no hay entorno más honesto que un festival electrónico de calibre internacional para poner a prueba nuestra línea Pro Series. Ahí no hay discurso que alcance: el producto habla solo. La repercusión en redes y medios fue muy positiva, pero lo verdaderamente estratégico fue la validación. DJs, productores y técnicos testeando nuestros equipos en vivo. Cuando la autoridad la construyen quienes realmente saben de sonido, la percepción cambia. Este año volvimos con una decisión clara, si 2025 fue la prueba, 2026 es el posicionamiento. Por eso reforzamos contenido, prensa y narrativa. Thonet & Vander Kosmos no es un stand, es una declaración de marca. Nuestro objetivo 2026 es ganar awareness y convertirnos en una marca elegida, no descubierta por casualidad.
¿Por qué enfocarse en talento local y no apostar más fuerte a lo internacional?
Ultra ya trae consigo la escena internacional. Nuestro desafío como marca era aportar un concepto, un espacio con sentido. Desde Thonet & Vander Argentina decidimos apostar al talento emergente local porque creemos que una marca que quiere construir relevancia cultural tiene que involucrarse en el ecosistema donde opera. No se trata sólo de una alianza, sino de generar oportunidades reales. Este año, dos artistas que participaron en nuestro espacio durante el año pasado fueron convocados al escenario principal. Ese es el tipo de impacto que buscamos: visibilidad concreta, crecimiento real. Cuando una marca impulsa talento, deja de ser un logo y se convierte en plataforma. Y ese es el rol que queremos ocupar.
¿Por qué es necesario localizar un festival de calibre internacional?
Precisamente, porque lo global sin adaptación pierde profundidad. Somos una marca con presencia en más de treinta países y entendemos que la expansión internacional no significa replicar fórmulas, sino interpretar mercados. El consumo cultural no es homogéneo, y las marcas que no leen ese contexto quedan en la superficie. Localizar es una decisión estratégica: permite conectar emocionalmente, construir cercanía y fortalecer brand equity en cada país. No es una cuestión estética, es una ventaja competitiva. Ultra tiene un ADN global. Nuestra responsabilidad como marca es dialogar con esa escala desde la realidad cultural argentina. Cuando eso sucede, la experiencia no se percibe como importada, sino integrada.
¿Cómo evolucionó la comunicación de T&V desde su ingreso?
La evolución fue pasar de hablar de producto a construir marca. Thonet & Vander siempre tuvo un producto sólido. De hecho, la investigación de mercado que realizamos a fines del año pasado fue muy clara: quienes nos conocen nos valoran muy alto en calidad, potencia y diseño. El desafío no era performance, era notoriedad. Detectamos una brecha grande entre satisfacción y awareness. Y ahí entendimos que 2026 tenía que ser el año de la construcción de marca. Hoy no sólo comunicamos especificaciones técnicas. Comunicamos validación, experiencia y propósito. Buscamos que la marca sea definida por voces con autoridad —artistas, productores, especialistas—. Queremos dejar de ser una buena sorpresa para convertirnos en una elección consciente. Lo que se mantiene es nuestro ADN: diseño, precisión y obsesión por el sonido. Lo que cambió es la ambición estratégica. Nuestro foco 2026 es claro, queremos convertirnos en una referencia cultural en sonido. Pensamos que cuando la marca ocupa ese lugar, el crecimiento deja de ser una meta y se convierte en una consecuencia.








