Derribando mitos sobre los “chilennials”
Chilennials: rompiendo mitos es el título de la investigación elaborada por GfK Adimark. “Quisimos profundizar en este segmento y entender cuán reales son estos mitos”, dijo José Miguel Ventura, director de marketing y comercial de GFK Adimark y encargado del informe. Se han establecido ciertas creencias en torno a los millennials: que tienen mucha plata, que sólo están interesados en viajar, que viven con sus padres para ahorrar y que no se comprometen con sus familias ni con sus trabajos. Además del estudio cuantitativo Chilennials, se tuvo en cuenta el estudio cuantitativo Chile3D 2016.
Mito 1: No tienen ataduras familiares. Primero yo y segundo yo.
Los canguros, que son aquellos que siguen viviendo con sus padres, en este estudio representan un 23%, mientras que un 62% tiene una familia tradicional. La gran mayoría vive con su pareja y sus hijos. Y sólo el 15% de los chilennials vive en hogares estereotípicamente millennials.
Si bien el estereotipo dice que los canguros chilennials son jóvenes de clases altas, que viven a expensas de sus padres para poder maximizar su capacidad de ahorro o maximizar su poder adquisitivo, lo cierto es que, del total de canguros chilennials, el 70% es del segmento C3D. La realidad es que la gran mayoría es primera generación de profesionales de familias que, con mucho esfuerzo, lograron costear su educación. Se quedan en su casa, sí, pero no para ahorrar o para que alguien les lave la ropa. Están devolviéndoles la ayuda a sus padres. Así mirados, los chilennials no serían egoístas y flojos.
En relación a este mito, el 60% cree que el matrimonio y la familia son la base de la sociedad chilena. Sólo 10 puntos menos que el porcentaje de no chilennials que está de acuerdo con esta afirmación.
Y 73% está satisfecho con la relación que tiene con su familia, Igual que los no chilennials. Y si recibieran 100 millones de pesos, el 57% ayudaría a su familia, igual que los no chilennials.
Mito 2: Libres ante todo.
En tenencia de smartphones, un 87% chilennial y un 58% no chilennial. Internet en sus casas: 77% chilennial y 59% no chilennial. Pero la posibilidad de estar conectados 24/7 no los ha hecho más libres. Un 79% reclama que lo que realmente los esclaviza hoy es la tecnología. Los chilennials sienten que cada vez se hace más difícil separar lo personal de lo laboral. Sienten que la libertad de poder elegir sus horarios se ha vuelto en su contra. El 86% de los chilennials siente que no puede separar lo laboral de lo personal y el 66% de los no chilennials cree lo mismo. El exceso de libertad, potenciado en gran medida por la tecnología, los esclaviza. Incluso se ve una revalorización del modelo de trabajo tradicional.
Mito 3: La generación más feliz de todas.
En 2005, un 63% de los menores de 35 años y un 52% de los mayores de 35 años se sentía feliz. Mientras que, en 2016, 68% de los menores de 35 años y 60% de los mayores de 35 años se siente feliz. El 65% de los chilennials no cree en la afirmación “hoy es más fácil ser feliz que antes”. Con respecto al concepto “vivo la vida que siempre soñé”, 24% de los chilennials asegura que sí, y el 32% de los no chilennials.
Para investigar más sobre este mito se preguntó: “¿Ha experimentando alguna de estas sensaciones en los últimos seis meses?”. Estrés, 69%; ansiedad, 63%; frustración, 42%; y rabia, 20%.
Cada generación tiene un dolor que influye en la generación siguiente. En los Baby Boomers era la soledad, y pasaron su frustración a la Generación X, que tiene depresión, y pasa a la Chilennial la rabia y el desencanto. La chilennial sufre de ansiedad y estrés. Los chilennials asumen que ser feliz hoy es más difícil que en el pasado. Y la búsqueda de esa felicidad tiene costos.
Estos estereotipos han tenido un impacto doloroso en esta generación. Son blanco de burlas por los mayores. Les cuesta más encontrar un trabajo porque está el prejuicio de que son poco comprometidos y hacen lo que quieren. Con toda esta carga negativa, no es extraño que el 0% de quienes tienen entre 15 y 35 años se declare millennial. ¿Cómo se definen entonces? Adulto joven, 63%; joven, 29%; y adulto, 8%.
Ventura concluye: “Muchos olvidamos que parte esencial de nuestro trabajo es poder entender realmente al segmento que queremos servir. Lamentablemente, hoy el estereotipo del millennial de clase alta, con poder adquisitivo, autocentrado, que sólo quiere viajar y que no se compromete con un trabajo nos ha nublado la vista y ha hecho que los jóvenes se hayan ido alejando de las marcas”.
“Por eso pensamos que 2017 debe ser el año para hablarles a los chilenos sin preconceptos y sin juicios de valor. El año de volver a hacernos preguntas, más que autorrespondernos”, cierra.

